Eso fue la 4 REFUGIOS NON STOP 2019 para mí.
Ahí están la medalla y el número. Pero no son cualquiera: estas dolieron! Esta 4refugios me hizo lagrimear 4 veces carajo! Por la tensión que me hizo vivir antes de largar, cuando me encontré con comentarios y caras de duda de varios que sugerían que la non Stop era mucho…encima, de la charla técnica salí con la sensación de que era casi un hecho que me iba a perder por no conocer nada! Otros que decían que 9 h de carrera como tope hasta el tercer refugio iba a dejar a muchos afuera… internamente maldije a todos los que me hicieron dudar de mi por un instante. Pero eso duró poco. La noche previa puse mi mente en blanco, como si no hubiera oído nada. Y fui a la largada para salir a hacer lo sé hacer bien.

La carrera fue todo lo que me habían contado, con la diferencia de que una cosa es leerlo u oírlo, y otra es que al día siguiente te duelan músculos que nunca antes (ni siquiera en UTMB!) me quedaron resentidos. 
Sé que anduve por lugares MAJESTUOSOS, sí, pero seré sincera: hasta que no cumplí con el 2° y último corte de tiempo (en el 3°Refugio, el Laguna Negra) no pude dedicarme a relajarme. Por eso, cuando llegué a ese punto y ese momento, la carrera me sacó la primera lágrima. El esfuerzo hasta ahí había sido grande, ya había superado 3 de las 5 cumbres de la carrera. Y todavía quedaba…

Más adelante, venía la cuarta, la del cerro de un tal Bayley Willis. Larga, violenta, interminable. Desde lejos se oían voces y gritos. Había un grupo del staff con tanta pila que me recibió como si me estuvieran esperando a mi nomas! Estaba exhausta, me detuve por un instante y uno de ellos se apartó para dejarme ver hacia el otro lado: “Mirá: ahí tenes el Cerro Tronador”…SIN PALABRAS. Ahí se me saltó la segunda lágrima; llevaba diluidos el esfuerzo físico para llegar hasta ese lugar y la emoción de la recompensa de estar ahí para ver desde esa altura semejante vista. Dura dos segundos de reloj, pero en la mente y el corazón, toda la vida. No equivale a la mejor foto ni al mejor documental, por si alguno que no entiende quiere explicarse porqué hago estas cosas…

Y quedaba la 5° cumbre. La del cerro de un tal Sr. López. Lo miré desde abajo y por donde hubiera que encararlo era ENORME. Pongo los ojos chinitos y veo en el medio de la subida unos “puntitos” de colores. Eran corredores! Era por ahí, no había zig zag, era derecho nomas, sin piedad! Fue la subida más difícil, en todo sentido. Por el cansancio y por la dificultad. Fue lenta y cuidadosa. Donde apoyaba la mano, el pie o los bastones se movía una piedra y otras cinco más alrededor a riesgo de que se deslizaran (junto conmigo) hasta quién sabe dónde, o que golpearan a alguien más abajo. Imagínese pues, que llegar a esa cumbre me tenía que arrancar otra lágrima. Y otra vez el premio fue ver lo que había del otro lado. Otra vez se me “olvidó” todo lo anterior. Para mi la carrera de verdad llegaba hasta ahí, ya no había más cumbres que alcanzar, lo demás era bajar (jeje como si eso fuera tan fácil de escribir o decir como de hacer hasta ese punto!). No me importaba que tuviera los diez dedos de los pies doloridos o que ya empezara a sentir que las rodillas me estaban pasando factura de tanto desnivel, o que sentía que hacía un día que estaba en carrera por tantos lugares distintos lugares que pasé (hasta hice culipatin en la nieve y crucé un río de montaña agarrandome de una cuerda!).

Entonces… desde la cumbre del Sr López hice lo que mejor sé hacer: seguí. Y ahí vino esa parte casi inexplicable y mágica en la que no importa qué tan hecha MIERDA esté, empecé a trotar los últimos 3 km, y después de ORGULLOSAS 13 horas de carrera, llegué a Colonia Suiza. Crucé el arco entre gente que aplaudía y sonreía, y alguien me puso una medalla. Apagué el reloj. Y cuando empecé a bajar las revoluciones, mientras me tomaba algo y comía una banana, y pensaba en lo que había hecho, ahí se me escapó la cuarta lágrima. Esa fue por todo lo que acabo de contar, y por todo lo que no les puedo contar, pero imagínense!
Como verán, soy tan fuerte como sensible 😁

UN RESUMEN: de tantas veces que lo oí, ahora seré una más. Un corredor de Trail TIENE que hacer esta carrera alguna vez en su vida. Sin importar qué distancia o modalidad. Todas valdrán la pena. Lo prometo.
UNA ADVERTENCIA. No apta para impresionables o miedosos en situaciones extremas de altura…
UN HECHO. los corredores patagónicos son dueños casi absolutos, con honrosas excepciones, de esta carrera. Se mueven como cabras en el patio de su casa, sin importar la edad que tengan, desde un adolescente hasta un sexagenario. Un aplauso para ellos.
UN PLACER . encontrarte con gente del staff TAN buena onda en cualquier punto de la carrera, sobre todo cuando venís tan exigida, es UN MIMO para el alma y eso llega al cuerpo, les aseguro. Aplauso pues, a la organización el CAB , y a ese espíritu que ama la montaña y a quienes se animan a conocerla como nosotros.